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21 de abril de 2019

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*PĂ©rez Reverte: “DecĂ­a el filĂłsofo DiĂłgenes, el del farol y el barril, que para caminar seguro un ser humano debe contar o bien con el estĂ­mulo de unos buenos amigos o bien con unos enemigos pertinaces en su odio”. Camelot

¿A QUÉ VIENE EL PRESIDENTE?

ContĂł el periodista Alejandro Aguirre, dando una primicia en su muy leĂ­da columna, que el presidente vendrĂ­a a Veracruz a implementar un esquema de seguridad, cuando las cosas en este bello estado se descomponen. ¿A quĂ© viene el presidente?, dirĂ­amos por parafrasear cuando en la Ă©poca de los neoliberales venia el jefe máximo, loco de contento. Las más de las ocasiones, venĂ­an a los actos de homenaje en AntĂłn Lizardo, con los Marinos y sus espadachines, como ahora AMLO con los 201 cadetes de la Heroica Escuela Naval Militar, con sus espadines de mando y su lema: “El que ha de reprender es irreprensible”. Otra vez, Ă©poca de Jolopo, a reunir a la RepĂşblica en el Fuerte de San Juan de UlĂşa, en aquella dichosa frase de: “La Republica está reunida”. Alguna vez, Ă©poca de EcheverrĂ­a, a recibir a la Reina de Inglaterra, con Juan Maldonado Pereda de alcalde. Desde el dĂ­a domingo, el Dream Team de AMLO debe estar en estas tierras benditas de Dios. Listos para la mañanera del dĂ­a lunes en Veracruz. Muy temprano, fiel a su costumbre, seguro el presidente los acuartela desde las 5 de la madrugada, hora de lechero, para que a las 7 se enfrente a la primera conferencia de la semana. Llega en un dĂ­a donde los dĂ­as santos se fueron y se volvieron endemoniados. Quedaron atrás los DĂ­as de Guardar. En Viernes Santo hubo una matazĂłn en Minatitlán, que ahora el pueblo llama ‘Siria Titlán’. 14 personas fueron asesinadas, segĂşn las reseñas de todos los diarios. Un bebĂ© en brazos. Duras las escenas que se vivieron en las redes sociales, la noticia se volviĂł mundial. La gente fue obligada a ver las ejecuciones. Como pelĂ­cula de terror. Sabe el presidente que la lucha contra la maldad cada dĂ­a es más difĂ­cil. Sabe el presidente que la Guardia Nacional tendrá que venir a hacer un trabajo de zapa, para controlar los crĂ­menes que dĂ­a a dĂ­a aumentan en el paĂ­s. Por ejemplo, durante jueves y Viernes Santo, segĂşn el Diario de Xalapa, hubo 8 ejecutados en Coatzacoalcos, Oteapan, San AndrĂ©s Tuxtla y Tierra Blanca, donde asesinaron a Sonia RamĂ­rez, ex funcionaria de Hacienda en ese pueblo. Un crimen condenable, a mansalva, como todos los crĂ­menes. Con 7 mil 242 homicidios dolosos, enero, febrero y marzo rompieron una nueva marca, al superar con 9.76 por ciento la impuesta por 2018, considerado el primer trimestre más violento, cuando las procuradurĂ­as estatales reportaron 6 mil 598 carpetas de investigaciĂłn por ese delito. En un paĂ­s donde el 93% de la poblaciĂłn se siente insegura, donde ya en las noches la mayorĂ­a se resguarda y no sale a la calle, a Veracruz llega el presidente AMLO. A poner orden, unos dicen que a dar respiraciĂłn de boca a boca al gobernador Cuitláhuac, a quien siempre ha apoyado. Otros, a que La Guardia Nacional vea quĂ© se va a hacer en este Estado que ahora brilla porque los demonios andan sueltos, con escenas dantescas. Los tuiters no ayudan a nada. Hubo uno del secretario de Gobierno, Eric Cisneros, donde culpa al Fiscal Jorge Winckler Ortiz, no invitado a esa reuniĂłn de seguridad del lunes con el presidente. El del secretario de Seguridad, Hugo GutiĂ©rrez Maldonado, mesurado, buscando la concordia. El gobernador, sobre Winckler, culpable de todas sus angustias y todos sus quebrantos. “Coincidencias sin regateo”, llamĂł el secretario Durazo a los clinchs que se dan entre estos funcionarios. Pobre Veracruz, tan lejos de la maldad y tan cerca de las riñas. El estado de derecho está siendo vulnerado. El presidente sabe de esas cosas, ojalá y esta reuniĂłn del lunes sirva para que se aquieten esas aguas del crimen, y volvamos a tener paz. Bienvenido, presidente.

CUANDO HAY HAMBRE

Como lo escuchĂ© lo cuento. Eran los dĂ­as que fenecĂ­a un gobierno priĂ­sta veracruzano. El Ăşltimo de ellos. Las pagas a los funcionarios pĂşblicos no llegaban. TenĂ­an meses sin llegar. Las arcas estaban abolladas, el ‘efecto licuadora’ ya no daba para más. Las quincenas se esfumaban y los pagos a las rentas de los edificios alquilados no llegaban, ni llegarĂ­an. No veĂ­an la salida. Pero la gente tenĂ­a que comer, hacia hambre despuĂ©s de terminar su jornada de labores de informaciĂłn a la secretarĂ­a polĂ­tica del gobierno de Veracruz. ¿QuĂ© hacer?, discurrĂ­a el jefe encargado del personal. ¿AdĂłnde llevarlos a comer si no hay pasta? ¿AdĂłnde vamos a parar?, dirĂ­a el Buki, y esa rola cantaban por las tardes. De repente, como por arte de magia, encontrĂł la soluciĂłn. Cada noche, a eso de las 7, mandaba un ujier a que viera si habĂ­a difuntos, velorios en las funerarias del pueblo. Cuando el enviado regresaba con la lista, se apersonaba con el personal y primero daban el pĂ©same a la familia, fuera esposa, tĂ­os o padres del fallecido. Cuando decĂ­an que iban en nombre del gobierno, por lo que pudiera ofrecerse, los invitaban a que pasaran y entonces corrĂ­an los cafĂ©s, el pan de dulce y muchas veces los tamalitos, en ocasiones les hacĂ­an envoltorios para llevar, claro habĂ­a que chutarse el rezo de cada hora al difunto, pero eso era pecata minuta porque, como lo dijo Luis Spota: ‘Mas cornadas da el hambre’, a veces. Asunto resuelto, asĂ­ sobrevivieron durante los Ăşltimos meses de un gobierno que se habĂ­a quedado sin cash. AsĂ­ las cosas, dirĂ­a Minga, una gente de mi pueblo.

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