De Mandela: “Yo no tenĂa una creencia especĂfica, excepto que nuestra causa era justa, era muy fuerte y que estaba ganando cada vez más y más apoyo”. Camelot.
EN CIUDAD DE MEXICO (PARTE DOS)
Entro a la ciudad. Luce triste. Huele a temblor. Por doquier las caras lucen de otra forma. Recuerdo que cuando los terribles sucesos de Nueva York, a la caĂda de las Torres por los paisanos de Nemi, la gente cambiĂł, se estrechaban en los abrazos, se miraban a la cara. Las tragedias suelen unirnos, como aquĂ ocurriĂł. TĂş hueles a tragedia, tierra mĂa, dirĂa el Vate. Prendo mi GPS y me mete mal. Me manda a Insurgentes sur hasta el fondo. Lo apago, medio conozco la ciudad. Iba a la Ifetel (Instituto Federal de Telecomunicaciones), en Insurgentes Sur 838, y lleguĂ© media hora despuĂ©s, una cita con dos servidores pĂşblicos me abrieron los ojos para un asunto que habĂa que destrabar. TrepĂ© a un edificio de estos llamados inteligentes, los que te hablan, para entrar hay que poner como en el Metro la identificaciĂłn, luego me subĂ (en mi aldea no hay de esos, solo uno en L Orbe y otro en el Seguro Social) y me amarchantĂ© y no piquĂ© el piso, subiĂł al cuarto, salĂ y le puse ir al seis. Me dije, como el Ănclito: ‘Paciencia, prudencia, verbal contingencia’, y salĂ de allĂ como campeĂłn, como cuando Ronaldo mete su gol en el Real Madrid. En la zona donde recorrĂ no habĂa siniestros. Ni siquiera cuarteaduras. La bella y señorial Insurgentes y luego el afamado Paseo de la Reforma, calles que envidian los mismos Champs Elysees de ParĂs, hacen ver a esta ciudad que se conmoviĂł con el llanto de la inexistente niña Frida SofĂa, y el renacer de esos jĂłvenes llamados Millennials, que pusieron el ejemplo al paĂs, y al mundo. Un poco mucho como aquella Sociedad Civil, que naciĂł cuando el presidente Miguel de la Madrid apanicado no salĂa de las cuatro paredes de Los Pinos, escondido entre los rincones, temeroso que alguien lo viera, como cantaba Cri Cri. De allĂ a Reforma 222, donde está la gran librerĂa PorrĂşa. Fui por un par de libros, “Nadie me verá llorar”, de Cristina Garza, y “Los primeros cuentos”, del gran Truman Capote. AllĂ surgiĂł el incidente. Sucede que las laterales de la calle Reforma, las han achicado, mas angostas para dar paso a cientos de ciclistas, que ahĂ andan en sus biclas, las rudimentarias y ahora las que alquilan y tienen motor y andas más rápido y confiado. Parecen estampas londinenses. AllĂ se metiĂł un camiĂłn de batea grande, de los que no deben circular, y nos metiĂł un rozĂłn. Jorge, el chĂłfer se parĂł como de rayo y a esperar a los aseguradores. Era un pequeño rozĂłn, nada de importancia, pero perdimos un par de horas allĂ y mejor optĂ© por irme, comer en ‘Que chula es Puebla’, un molito rico y a mi aldea, para que no llegara la noche, porque en la noche todos los gatos son pardos. Y el miedo no anda en burro.
LA OBRA DE PEÑA NIETO
Debo decir, en contraste con todo lo que les he criticado, que la autopista Orizaba-Puebla-MĂ©xico, de la mugre Capufe, está muy bien, a un 90 por ciento rechinando de limpia. Uno trepa la Cumbre de Acultzingo o de Esperanza, y se ven los verdores y el Pico de Orizaba en su grandeza, visto desde la hermana repĂşblica poblana. Cuando se llegaba a Chalco (Chalco cuyo nombre es de origen náhuatl, proviene de Challi: "borde de lago" y co: "lugar", significa "en el borde del lago"), aquello era, hace 40 años, tierras de cultivo, comenzaron a llegar los paracaidistas y el presidente Carlos Salinas, con la venta de Mexicana, en aquel entonces, creo que en 700 millones de dĂłlares, les llevĂł luz, agua potable, drenaje y comenzĂł a crearse una gran ciudad, que ahora debe tener un millĂłn o dos de chalquenses al grito de la chamba, pues la mayorĂa trabaja en la capital. El paso de Chalco, el gobierno de Peña Nieto arreglĂł esa carretera. Ahora se entra y sale en ocho carriles sin parar, dejaron a un lado los laterales para los chalquenses, y uno como yo, que comĂ en ‘Que chula es Puebla’, donde hay una gasolinera. El problema, y ojalá alguien le diga al presidente, no al inĂştil secretario Gerardo Ruiz Esparza, ese no arregla ni donde se acuesta, es que ya es una autopista de primera con el puente elevado de Puebla, obra del gobierno federal, donde se tardaba una hora para cruzar, ahora es de paga (55 pesos) y desembocas más rápido. El problema grave persiste, porque tambiĂ©n los organismos empresariales de la regiĂłn, CĂłrdoba-Orizaba, han estado dormido, todos, Canacos y Canacintros y Consejo Coordinador Empresarial, cuando se paga la caseta de Esperanza, hay que apretar aquellito porque normalmente al bajar siempre hay neblina. En invierno, debĂa el presidente mandar al inĂştil Ruiz Esparza manejando, a que la baje Ă©l solo y va a ver si no lo soluciona. Se pueden hacer dos cosas, y no valen tanto con lo que cobran, una: ponerle luz de celdas solares a todo el tramo, o dos, ponerle reflejantes al piso, anoche mismo al bajar venĂamos atrás de un camiĂłn de los doble tráileres, ese nos alumbraba el camino. Si las cámaras empresariales presionan a Caminos y Puentes Federales, seguro las instalan, por el bien de todos nosotros, que por allĂ descendemos, en esa bajada de la muerte.
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